
A mitad de camino entre las turísticas ciudades de Tánger y Tetuán nos encontramos con Arcila, una antigua fortaleza que al día de hoy aprovecha el gran caudal de visitantes para mantener una economía estable basada principalmente en la gastronomía y el servicio hotelero. Punto de parada obligado y poseedor de una atracción singular, un cementerio islámico.
La ciudad tiene una personalidad propia, con casas de color blanco muy intenso y construcciones que recuerdan a otras ciudades sobre el mediterráneo como las que hallamos en España y Grecia, pero su atracción principal es el Koubba de Sidi Mansour, cementerio donde se encuentran los restos de guerreros islámicos que cayeron durante la denominada Guerra Santa.
Para aquellos que no son musulmanes está prohibida la entrada a este sepulcro sagrado, pero desde afuera podemos ver una parte de su esplendor gracias a la elevación que se consigue por algunas rampas dispuestas alrededor de la ciudad de Arcila.
Al encontrarse en el extremo norte de Marruecos, el clima de Arcila suele ser devastador en invierno, pero los veranos son cálidos y nos permiten disfrutar de mayor libertad para manejar nuestro tiempo. Una atracción única, religiosa y muy cuidada, pero atractiva para los paseantes.
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