
El califato Omeya se caracterizó por continuar, con gran ímpetu, las conquistas de etapas anteriores en cuanto a expansión musulmana.
Las últimas expansiones del imperio islámico tienen que ver con esta etapa, como puede ser la zona del Magreb, la fundacion de Kairuán y finalmente el sometimiento de Irán y parte de China y Afganistán, donde los avances son detenidos.
La política interior sigue siendo tumultuosa, los omeyas generan enemistad en distintos frentes, los alíes, la rama de los siffíes y mucho más.
La resistencia se hace más férrea en ciudades como Basora y Kufa, pero durante varios años los sobornos y negociaciones secretas evitan una nueva guerra civil entre bandos con posiciones muy encontradas.
Cuando muere Muawiya hay nuevamente tensión en la línea sucesoria, mientras había nombrado heredero a su hijo Yazid, otros creen que el verdadero sucesor debería ser Husayn, y los pequeños ejércitos vuelven a movilizarse desencadenando la matanza en Kerbala (año 680).
El fallecimiento de Husayn trae nuevas tensiones y reclamos, evidenciando la falta de escrúpulos y los medios viles para llegar al poder de gran parte de los aspirantes. De todas formas, la línea sucesoria queda definida y es aceptada por la mayoría de la comunidad musulmana.
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