
La dinastía Almohade en Marruecos
Entre 1130 y 1269 el poder religioso y político de Marruecos será manejado por los almohades, quienes se revelan contra los amorávides y potencian el rigor religioso, conquistando en 1147 la capital de Marrakech.
Con ese punto marcando el final de la rebelión, comienzan a organizar la nación. Expandiendo los territorios hacia el norte de África. El principal impulsor de estas reformas y expansiones era el líder Ibn Tumert, quién a su muerte es sucedido por Abd el Mumen y más tarde por Yacub el-Mansur.
Este último consigue anexar también varias provincias españolas andaluzas e incrementar la sensación de triunfó en los guerreros almohades.
Pero tras su muerte, a falta de un líder con su capacidad para la táctica militar y el combate, las derrotas comienzan a mermar el entusiasmo.
Hacia 1269 los Meriní derrocaran al último representante almohade y terminaran de expulsar las ideas religiosas de Ibn Tumert.
Más cambios se avecinaban en Marruecos, la guerra, la codicia, las políticas internas y la religión aún no habían encontrado su camino y todavía faltaban mayores situaciones antes de una relativa estabilidad.
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