
Volvemos a detenernos en el califato Omeya, una de las divisiones políticas y religiosas más importantes del territorio marroquí, que sucedió allá por el año 644.
En nuestra última entrada hablamos sobre los conflictos derivados de la elección de Uthman ibn Affan como sucesor del califa Omar.
Los miembros del Partido de Alí urden una conspiración y terminan asesinando a Uthman en el año 656. Este crimen es respondido por Muawiya I (también perteneciente al clan omeya) quién utiliza sus tropas y conexiones como gobernador de Siria para enfrentarse a los partidarios de Ali ibn Abi Tálib.
Así se da el marco para la batalla de Siffin, un momento histórico clave ya que marca el origen de las tres divisiones del Islam.
Alí es derrotado y Muawiya se proclama a sí mismo como califa, en la ciudad de Damasco. A partir de este momento el estado islámico pasa a tener su capital en la ciudad siria, relegando Medina a los antiguos traidores que seguían teniendo influencias allí.
El califato de Damasco funciona entre el año 661 y 750, y termina modificando el sistema sucesorio de los califas pasando de una elección por parte del consejo de nobles a un sistema hereditario.
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