
Volvemos una vez más a Bou Izakarne para seguir disfrutando la magia de una ciudad que aprovecha su ubicación para combinar tradiciones marroquíes y ancestrales rituales y construcciones de un pueblo de desierto.
Con edificios pintados de rojo y puertas y ventanas en azul, el pueblo de Bou Izakarne es muy colorido y se encuentra en medio del camino hacia el sur, por lo cuál no podemos perderlo de vista en nuestro viaje hacia las extensiones del desierto.
Aprovechando el tránsito regular de turistas, Bou Izakarne cuenta con varios restaurantes y cafés donde disfrutar bebidas tradicionales por un buen precio, además de las terrazas que permiten ver loas alrededores de la ciudad y hacernos a la idea de nuestra última parada antes de viajar hacia la soledad del desierto.
En épocas de verano, la piscina municipal de Bou Izakarne es una visita obligada para escapar del calor agobiante. También está el zoco o mercado semanal, que se realiza los días viernes. Sigue siendo colorido y tradicional, pudiendo ver a los comerciantes en sus tareas habituales además de conseguir excelentes precios para recuerdos de viaje o alimentos.
Los suburbios de Bou Izakarne con su ritmo lento y los maravillosos paisajes de alrededor, confirman que la entrada al desierto es un atractivo maravilloso para el turismo en Marruecos.
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