
Seguimos recorriendo uno de los museos etnográficos más importantes de Marruecos, el Dar Belghazi, y nos retiramos del salón de bisutería para recorrer la sala de trajes tradicionales en el museo de Salé.
El caftán es uno de los emblemas de la ropa marroquí, en el pasado la industria del caftán sirvió para originar múltiples oficios y actividades relacionadas con su comercio, y los barcos cargados viajaban hasta todas las localidades del Mediterráneo.
Entre las maravillas que se exhiben en el museo destaca un caftán de seda amarilla que fue bordado con hilos de oro de la ciudad de Tetuán, más de 200 años para una prenda maravillosa.
El bordado es otro arte que tiene mucha incidencia en la vida cotidiana marroquí. Desde las mantas para proteger a los bebés hasta los catafalcos que cubrían los cuerpos en el viaje definitivo, las mujeres eran las responsables no solo de las prendas de vestir, sino de los cortinados y manteles de la casa.
Los materiales más utilizados eran el lino blanco o el algodón. Los diseños recuerdan épocas y ciudades de todo país, como Fez, Marrakech, la Rabat de tiempos fenicios y la Tetuán andalusí.












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